Labrys

Un blog sobre literatura, cultura y ciencia

La experiencia de lo real en la cura psicoanalítica, de Jacques-Alain Miller

en ciencia

Por Alejandra Breglia

“La historia del psicoanálisis, según lo que propongo, es lo que se transforma de la práctica inaugurada por Freud a partir del contacto, de su relación con la experiencia de lo real, al que da su acceso. Y llamo experiencia de lo real a esta perspectiva que nos da un punto de vista distinto del que Lacan elaboró y difundió al comienzo, pero congruente a mi entender con su última enseñanza. En cierto sentido vuelvo a visitar con ustedes la historia del psicoanálisis desprendiéndome del influjo de lo que fue el comienzo de Lacan para considerarla desde su última enseñanza.”

(Extracto del capítulo IX) En este curso de “La experiencia de lo real en la cura psicoanalítica” (1998-1999), Jacques-Alain Miller explora el término de lo real a lo largo de toda la enseñanza de Jacques Lacan.

En este sentido, Miller plantea que Lacan comenzó por una definición de lo real según la cual lo real es el sentido. Solamente en la perspectiva de su última enseñanza, apunta a la noción de un real que sería algo distinto del sentido y distinto del saber.

Al inicio, parte de la perspectiva estructuralista que plantea lo real en una situación de exclusión, que hace de este siempre un término explotado por lo simbólico.

No se trata de lo real como Otro del sentido, que es lo que Lacan nos deja en su última enseñanza; sino de lo real fragmentado en elementos lingüísticos, dominado por lo simbólico.

La idea de una primacía de lo real sobre lo verdadero constituye una inversión de la perspectiva inicial de Lacan, la de una primacía de lo verdadero sobre lo real, en la que se apoyarían las propiedades de lo que definió como simbólico.

En el trazado de este recorrido Jacques-Alain Miller va abordando conceptos fundamentales de la práctica psicoanalítica como, defensa, represión, síntoma, carácter, pulsión; hasta llegar a la formulación de los seis paradigmas del goce, donde asoma con toda su fuerza la enseñanza de Lacan respecto a la doctrina del goce.

En el primer paradigma “El goce imaginario”, es entendido como obstáculo, como barrera a la elaboración simbólica. Este goce imaginario no procede del lenguaje, de la palabra, de la comunicación; sino que está unido al yo como instancia imaginaria.

En el segundo paradigma, “La significantización del goce”, asistimos a una trasposición de lo imaginario en lo simbólico; una reescritura conceptual de los términos vertidos en la categoría de lo imaginario que resultan términos fundamentalmente simbólicos.

Así surge el tercer paradigma, que Miller llama “El goce imposible”, lo que significa el goce real. Este paradigma implica una sustitución de la represión por la defensa. Mientras que la represión es un concepto que pertenece a lo simbólico; la defensa designa una orientación primera del ser. Se ilustra una profunda disyunción entre el significante y el goce.

Al cuarto paradigma lo llama “El goce fragmentado”, fragmentado en objeto a, como objeto de la pulsión. Dicho objeto es la presencia de un hueco, un vacío. Y se accede al goce por la pulsión que va y viene; es decir que, el goce se nos presenta como alcanzado en un circuito de ida y vuelta.

Lo que introduce al quinto paradigma “El goce discursivo”; que consiste en deducir esa falta, ese agujero de goce, a partir del significante. Dando cuenta de la relación con el goce intrínseca al significante.

Con el sexto y último paradigma, que Miller ubica en El Seminario 20, Aún; se presenta una inversión de todo el recorrido de Lacan. Este paradigma se funda en la no relación del significante y del significado, de goce y del Otro, del hombre y la mujer, bajo el modo de no hay relación sexual. En el lugar de todos los términos que aseguraban la conjunción, tenemos el primado de la práctica, encontramos una pragmática.

Este exhaustivo desarrollo hará lugar a que Miller se refiera al cuerpo en psicoanálisis. Introduce elementos de biología lacaniana, que constituyen lo que él llama la tercera escansión de este curso. Luego de la experiencia de lo real, centrada en la oposición entre síntoma y carácter; y después los paradigmas del goce, lógicamente nos conduce al concepto de vida por su conexión con el goce.

La perspectiva con la que Miller avanza en esta biología lacaniana, es la de dar su sentido a lo vivo y también captar por que camino el goce llega al cuerpo. Las proposiciones que retoma de Lacan le permiten formular que la vida es la condición de goce; condición necesaria, pero no suficiente. Solo hay goce con la condición de que la vida se presente como un cuerpo vivo, este es el cuerpo afectado por el goce.

Así destaca la definición de síntoma como acontecimiento del cuerpo; el síntoma constituye como tal un goce o, en términos freudianos una satisfacción sustitutiva de la pulsión.

Admitiendo que el síntoma es goce y que el goce pasa por el cuerpo; la definición de síntoma como acontecimiento del cuerpo resulta un indicador fundamental. Se trata siempre de acontecimientos discursivos que dejaron huellas en el cuerpo, que lo perturban y que producen síntomas en él. Es la incidencia de la lengua en el ser hablante y, con más precisión, en su cuerpo. Y hablar con su cuerpo es lo que caracteriza al parletre.

Retomando las categorías introducidas por Miller; la no relación sexual es el acontecimiento lacaniano en el sentido del trauma, ese que deja huellas en cada uno –no como sujeto sino como hablante-, en el cuerpo, huellas que son síntoma y afecto.

Y es lo que le permite a Lacan definir el amor como el encuentro con todo lo que marca en cada uno, en un cuerpo, la huella de su exilio de la relación sexual.

A lo largo de este curso de la orientación lacaniana, Jacques-Alain Miller nos convoca exhaustivamente, a recorrer estos tres movimientos en la obra de Jacques Lacan referentes a “la experiencia de lo real en la cura psicoanalítica”.

Vía Virtualia