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Elliott Erwitt regresa a Cuba medio siglo después de lograr sus célebres retratos de Fidel Castro y Che Guevara

en fotografía

“Nunca sé si la foto es buena hasta que la revelo, a pesar de los años”:

Sentado en una cómoda butaca en un remedo de taberna caribeña abierta en una antigua fábrica de gas de Ámsterdam, Elliott Erwitt, de 87 años, uno de los fotógrafos más famosos de la emblemática agencia Magnum, asegura con picardía que “la mejor imagen siempre es la siguiente”. Aunque la respuesta parece una evasiva para no elegir entre las miles de instantáneas de su veintena de libros, no es eso.

Apodado el maestro del momento oportuno, capaz de captar con igual agudeza a una pareja anónima besándose que a Marilyn Monroe, Richard Nixon, Jacqueline Kennedy en el funeral por el asesinato de su esposo o Bob Dylan, admite que “una buena situación mejora las posibilidades de dar con la escena adecuada”. Pero no todo es suerte ni oportunidad. Un cierto grado de incertidumbre parece ser el ingrediente esencial para que la fórmula funcione, porque, según asegura: “Nunca sé si la foto es buena hasta que la revelo, a pesar de los años que llevo en esto”.